Cuaderno de bitácora

Cuaderno de bitácora

Por Sonsoles Sánchez-Reyes Peñamaria

'¡Qué bello es vivir!', la historia que nació de un sueño


Actualmente, no hay mayor clásico cinematográfico para visionar cada Navidad que la película de Frank Capra '¡Qué bello es vivir!'. Sin embargo, su éxito es relativamente reciente, pues su estreno en 1946 resultó un fracaso. El propio argumento del film y la historia real de su rodaje comparten el espíritu de superación de dificultades y un final feliz que llega contra todo pronóstico, cuando la esperanza flaquea.

En la mañana del 12 de febrero de 1938, mientras el norteamericano Philip Van Doren Stern, un historiador reputado, autor de más de cuarenta libros, se preparaba para ir a trabajar, daba vueltas a una curiosa idea para un relato, que le había llegado en un sueño la noche anterior: Un extraño aparece para salvar a un hombre que intenta suicidarse en Navidad, devolviéndole la alegría de vivir al hacerle concienciarse de que su vida es valiosa para los que le rodean. Ese día, Stern simplemente escribió un esquema de la trama y lo guardó.

Fue una historia especial para él desde el principio, y volvería a ella periódicamente a lo largo de varios años. Unos meses después de alumbrar esa línea general, escribió el primer borrador del relato, que aún no le satisfizo. Lo fue perfeccionando hasta que, en abril de 1943, ya con 4.100 palabras, lo dio por concluido y se lo mostró a su agente literaria bajo el título 'El regalo más grande'. Aunque a ella le mereció un juicio positivo, le trasladó su temor de que, al ser una historia de fantasía, las revistas no la comprasen para publicarla. Lamentablemente, así fue.

Pero Stern, convencido de la calidad de su cuento, no lo olvidó, sino que aprovechó la llegada de la Navidad de 1943 para imprimir de su propio bolsillo 200 ejemplares, en forma de folleto de 21 páginas. Dos de ellos los registró en la Oficina de Derechos de Autor en la Biblioteca del Congreso Norteamericano. Y las demás se las envió a sus amigos como felicitaciones navideñas, dedicadas personalizadamente. Podemos imaginar el valor que esos documentos tienen hoy.

Así, la historia llamó la atención del productor David Hempstead, y en marzo de 1944 RKO Radio Pictures compró los derechos cinematográficos por 10.000 dólares, planeando convertirla en una película para el actor Cary Grant.

En ese mismo momento, dos revistas se interesaron en recoger la narración en sus páginas.  En 1944 Reader's Scope publicó una versión abreviada, y en enero de 1945 Good Housekeeping otra más larga, titulada "El hombre que nunca nació" y utilizando el seudónimo Peter Storme en lugar del nombre de su autor.

Basándose en la narración de Stern, tres equipos de guionistas contratados por la RKO escribieron otros tantos guiones cinematográficos diferentes, pero el estudio no se sintió cómodo con ninguno de ellos. Así que, en 1945, la RKO tomó una drástica decisión: vendió los derechos cinematográficos de la historia y los tres guiones, por los mismos 10.000 dólares iniciales, a Liberty Films, la compañía cinematográfica que acababa de fundar con otros socios Frank Capra, recién regresado, con todos los honores, de combatir en la II Guerra Mundial, y que ya tenía en su palmarés tres óscars al mejor director y dos a la mejor película.

Capra, entusiasmado con la historia, se animó no solo a dirigir, sino también a producir y financiar la cinta. Contrató al matrimonio de guionistas formado por Albert Hackett y Frances Goodrich, y estos crearon un guion completamente nuevo, utilizando fragmentos de los tres anteriores, añadiendo personajes adicionales, completando detalles y realizando cambios menores en la trama. Capra ofreció el papel protagonista de George Bailey (Pratt en el relato de Stern) a su colaborador habitual, el actor James Stewart, que también acababa de regresar de la confrontación bélica mundial, y quien tras ciertas dudas lo aceptó. El título elegido para el film sería '¡Qué bello es vivir!', en versión original 'It’s a wonderful life', hoy conocido internacionalmente como parte de la cultura popular.

Frank Capra era un hombre acostumbrado a lidiar con dificultades. Llegado con su familia a los Estados Unidos con solo seis años desde su Sicilia natal, hijo de unos padres analfabetos y criado en un hogar donde la madre le golpeaba, en su juventud vivió una dura experiencia como soldado en la primera Gran Guerra Europea y sufrió la muerte de su padre en un trágico accidente laboral. Tras un primer matrimonio frustrado por los problemas de alcoholismo de la esposa, en 1938, cuando sus segundas nupcias parecían aportarle felicidad, Capra perdió a su hijo Johnny, de tres años.

La película se anunció como regreso de la estrella James Stewart, cuya fulgurante carrera se había detenido cuatro años por su marcha al campo de batalla. Las altas expectativas de todos causaron gran ansiedad a Stewart durante la producción, aunque al final de su vida consideraría este trabajo como su preferido después de seis décadas actuando.

El rodaje comenzó el 15 de abril de 1946, y desde el principio se antojó enormemente complicado, aunque acabó siendo la película favorita de su director, que en su autobiografía de 1971, El nombre sobre el título, reconocería: "¡Era la historia que había estado buscando toda mi vida!".

En ese texto, Capra asimismo admitiría haber sentido "extrema soledad" filmando ¡Qué bello es vivir!, "atrapado por el miedo al fracaso". Los temores afloraron en forma de discrepancias con varios de los miembros más destacados de su equipo. Capra despidió al director de fotografía, Victor Milner, tras cinco semanas de rodaje, aunque le había contratado 20. En su lugar, fichó a Joseph Walker, colaborador en proyectos anteriores de Capra, y quien describió al director durante esos días como "indeciso e infeliz".

Aunque los guionistas Hackett sentían una profunda admiración por Capra, pronto empezaron los desacuerdos con el cineasta, después de que éste emplease a otra guionista, Jo Swerling, para retocar el guion. Los Hackett concedieron una entrevista en la que calificaron a Capra como 'hombre horrible', y su labor en '¡Qué bello es vivir!' como "la única experiencia desagradable" de sus carreras.

Pronto, la nueva guionista, Jo Swerling, también tuvo problemas con Capra y rompió su colaboración con él. El compositor de la música de la película, Dimitri Tiomkin, por razones análogas también abandonó el proyecto.

El enorme decorado para crear la ficticia ciudad de Bedford Falls, en la que transcurre la acción, fue una maravilla de la ingeniería, uno de los escenarios más grandes nunca vistos en el cine de Hollywood. Construido en solo dos meses, ocupaba cuatro acres e incluía 75 tiendas y edificios; una avenida central de casi medio kilómetro, con 20 robles adultos y tres manzanas. El rodaje tuvo lugar entre junio y julio de 1946 en el rancho perteneciente a la compañía cinematográfica RKO en Encino, California, a temperaturas de 32 grados, muy lejanas a la sensación de frío y nieve que las imágenes conllevan. Tras tres meses, la filmación concluyó con un picnic del equipo para festejar la clausura.

El 20 de diciembre de 1946, 'Qué bello es vivir' tuvo una proyección previa con fines benéficos en el Teatro Globe de Nueva York, un día antes de su estreno oficial. La mayoría de críticas sobre la película en la prensa fueron positivas, aunque otras la denostaron considerándola demasiado sensiblera. Se alzó con un Globo de Oro al mejor director y recibió cinco nominaciones al Óscar. También ganó un premio a los logros científicos por sus innovaciones en la simulación de la nieve, abandonando los habituales copos de maíz blanqueados o pintados, que hacían ruido cuando los actores caminaban sobre ellos y requerían volver a grabar los diálogos. Para esta película, el equipo de producción simuló nieve soplando con grandes pulverizadores y ventiladores una ingeniosa combinación de espuma de extintor, azúcar, agua y jabón.

Pero '¡Qué bello es vivir!' no recuperó los altos costes de producción y distribución de Liberty Films, que ascendieron nada menos que a 2,3 millones de dólares de la época en las estimaciones más conservadoras, acumulando una pérdida de 525.000 dólares. Solo alcanzó el puesto 27 entre las predilectas de los espectadores en 1947, pues no logró conectar con el público de posguerra, que quería diálogos ágiles y comedia ligera, para olvidar desgracias de la vida cotidiana. En todo caso, por las circunstancias sociales, la asistencia al cine había disminuido en términos generales. Debido al revés financiero, Capra vendió Liberty Films a Paramount Pictures, lo que incluyó los derechos sobre '¡Qué bello es vivir!'. La carrera del director entró entonces en una recesión de la que nunca se recuperaría. La propiedad de la obra maestra cambiaría varias veces más de manos en los años siguientes.

En el momento en que se estrenó la película, la Ley de 1909 disponía que los derechos de autor en Estados Unidos duraban 28 años a partir de la primera difusión, pudiendo renovarse por otro plazo igual mediante solicitud ante la Oficina de Derechos de Autor. Pero en 1974, cuando habían transcurrido 28 años, el entonces propietario, National Telefilm Associates, no presentó el registro para la renovación de los derechos de autor. La película pasó a ser de dominio público. Como resultado, se proyectó repetidamente en la televisión y se vendió y alquiló ampliamente en videos domésticos.

En 1993, Republic Pictures absorbió a National Telefilm Associates, descubriendo que, aunque estos no habían renovado el copyright sobre la película en 1974, conservaban los derechos de la historia original escrita por Stern, "El regalo más grande", así como los de la música de la película. En base a ello, Republic Pictures notificó a las cadenas de televisión que no podían emitir '¡Qué bello es vivir!' sin pagar regalías. Luego, firmó un acuerdo de licencia exclusiva con NBC, por el que '¡Qué bello es vivir!' se visionaría en ese canal dos veces al año. La cadena elegiría hacerlo en el fin de semana de Acción de Gracias y en Nochebuena.

A través de una acción judicial, Republic logró recuperar los derechos de autor de la película basándose en una sentencia de 1990 de la Corte Suprema (Stewart versus Abend) que precisamente se había dictado en relación con otra cinta protagonizada por James Stewart, 'La ventana indiscreta', de 1954.

Pero, al estar casi veinte años sin generar derechos de autor, '¡Qué bello es vivir!' llegó a audiencias nuevas. Así, un público que de otro modo no habría visto la película, llegó a conocerla y apreciarla, y la historia obtenía el indiscutible estatus de 'clásico navideño' y se convertía en sinónimo de Navidad, para sorpresa de Frank Capra, quien afirmó: "la película tiene vida propia ahora... Soy como un padre cuyo hijo crece y se convierte en presidente... Ni siquiera pensé en ella como una historia de Navidad cuando la vi por primera vez. Simplemente me gustó la idea".

En el ranking de mejores películas estadounidenses de todos los tiempos, el American Film Institute ha otorgado a '¡Qué bello es vivir!' el puesto número 20. Desde 2010, en Seneca Falls, Nueva York, hay un museo dedicado a ella. ¿Cómo sería la historia del cine si "¡Qué bello es vivir!" nunca hubiera nacido? Mejor que nunca lleguemos a saberlo.